Parita Bay's mangroves are strategic ecosystems for biodiversity conservation and climate change mitigation from carbon storage.Foto:Mike Fernandez/91°µÍø
El continente americano alberga 46.284 kilómetros cuadrados de una riqueza natural inigualable que durante años ha sido ignorada y, a menudo, un tesoro subestimado: los manglares.
Los esfuerzos para salvaguardar estos hábitats y valorarlos en su real dimensión es una tarea urgente para los gobiernos y las entidades públicas, privadas y multilaterales. Para ello, las organizaciones ecologistas invierten tiempo y ciencia de vanguardia para entender el aporte de estos ecosistemas costeros y profundizar en las estrategias para restaurarlos y conservarlos.
Regulación del clima (incluso como sumidero de carbono), regulación del agua (recarga y descarga), control de la erosión, protección contra tormentas, polinización y retención de sedimentos (servicios de regulación).
Recreación, valor espiritual, educación (servicios culturales).
Formación del suelo, ciclo de nutrientes (servicios de apoyo).
Estos servicios ayudan a los ecosistemas a resistir y recuperarse más rápidamente de las amenazas inducidas por el hombre. "Y nos permite recurrir a soluciones basadas en la naturaleza, es decir, a acciones que utilicen los servicios ambientales para hacer frente al cambio climático y a otros retos de la sociedad", dice Montes de Oca.
Es importante señalar que la biodiversidad de las zonas costeras es, a la vez, proveedora de beneficios y beneficiaria de la protección y el uso racional de estas áreas. Por ejemplo:
Un bosque de manglares bien conservado actúa como una barrera natural que reduce la exposición directa al ser humano y sus actividades. Puede absorber el impacto de un maremoto o incluso de un tsunami, protegiendo asà vidas, infraestructuras y actividades productivas.
Los manglares almacenan mucho más carbono por superficie que los bosques tropicales, por lo que se convierten en un ecosistema crucial para la mitigación del cambio climático.
Debido a la belleza natural y la diversidad biológica de las zonas costeras, las comunidades organizadas desarrollan el aviturismo con guÃas locales, diversificando asà su economÃa.
"Es importante que la resiliencia costera forme parte de nuestros planes de acción, que incorporen a las autoridades gubernamentales, a los sectores productivos y a la sociedad civil organizada bajo el mismo paraguas. Con este enfoque, podemos abordar de manera integrada y coordinada los diferentes y complejos problemas de desarrollo y conservación presentes en las zonas costeras", señala el ingeniero quÃmico costarricense con maestrÃa en EcologÃa Humana.
A esta condición se suman los impactos climáticos en diferentes escalas de tiempo: los de "inicio lento", como el aumento del nivel del mar, la mayor aridez o el promedio de lluvias (tendencias que se observan en el tiempo); y la variabilidad, que son los eventos puntuales que se desvÃan de estos promedios, con intensidad y frecuencia crecientes.
"Asimismo, las malas prácticas de producción, como el uso excesivo de productos agroquÃmicos, la falta de tratamiento de residuos sólidos y aguas residuales, y la deforestación, afectan a la capacidad de los ecosistemas para prestar servicios. Los más significativos son la protección de las costas, la retención de agua y la filtración; precisamente los que nos ayudan a adaptarnos a estos impactos del cambio climático", comenta Montes de Oca.
"Todos estos aspectos sumados a la falta de una ordenación del territorio que respete la vocación natural del mismo en la zona marino-costera se convierte en un severo desencadenante de riesgos", apunta Julio.