A previously tagged Kirtland’s Warbler is captured in its jack pine breeding habitat in Michigan. A little transmitter on its back holds information on where the bird has been from August to May.Foto:Karine Aigner
Nathan Cooper conduce lo más rápido posible en este atardecer oscuro de abril, siguiendo una ruta complicada plagada de peatones, pollos de corral, perros sueltos y gatos salvajes. La carretera Queen’s Highway es un macadán angosto sin señalizar y lleno de baches que recorre los 77 kilómetro de la isla Cat. Tenemos que estar en el extremo sur al atardecer y ya nos hemos retrasado.
La isla Cat está bien por fuera del núcleo turÃstico de Bahamas. En forma de un anzuelo largo, abarca unos 241 kilómetros cuadrados y es tan delgada que gran parte de su longitud solo tiene poco más de medio kilómetro de ancho. Cat es bastante plana y poco interesante. Es como si fuera un gran bosque seco interrumpido por algunas calles y solo unos 1.500 residentes. La tala y quema, la crÃa de cabras y la pesca de conchas son algunas de las pocas opciones que se ofrecen en el lugar.
Cooper tiene 37 años, rulos parduscos descontrolados, barbilla y la musculatura de un escalador ágil. La otra mitad del equipo hoy es Chris Fox, tranquilo y de barba oscura, tomándose un descanso de su trabajo de oficina en el distrito conservacionista de Indiana. Fox lleva un receptor de radio pesado en el hombro y sujeta los palos de aluminio de la red de niebla. Mientras tanto, Cooper enciende un llamador portátil y se va por el camino de arena a paso ligero, imitando el canto de un chipe de Kirtland en los matorrales. (El siempre confiable David Allen Sibley translitera esta canción como un " rico y enfático, aumentando en tono e intensidad").
Es un macho y pesa 16,5 gramos, unos 3/5 de onza, un poco más de lo normal. Esto revela que el ave ha encontrado mucha fruta e insectos. "Se debe estar preparando para irse en los próximos dÃas, creo que lo capturamos acumulando energÃa para la partida", dice Cooper. Además de las mediciones de rutina, los investigadores toman algunas muestras de sangre de una de las venas del ala del ave y un poco de su materia fecal (que decoraba con gracia los pantalones de Cooper), ya que uno de sus colegas está analizando cómo se modifica el microbioma de los chipes entre el invierno y el verano. Finalmente, al ave le colocan varias cintas coloridas y un transmisor en la parte baja de la espalda.
Conocidos como nanotransmisores, estos pequeños transmisores de radio pesan una fracción de gramo y se rastrean con una red en rápida expansión que está compuesta por más de 350 estaciones receptoras automatizadas y colocadas en todo el hemisferio. A mediados de abril, y si todo va bien, cuando las aves abandonen la isla Cat en unas semanas, estos puntos receptores le permitirán a Cooper seguir su ruta migratoria hacia el norte. Una vez que lleguen a Michigan, 11 receptores que básicamente cubren toda el área de reproducción de las especies le permitirá reubicar a las aves marcadas.
Pero hasta hace poco, casi toda la atención cientÃfica y de conservación se centraba en Michigan, ignorando las zonas de invernada de las Bahamas casi por completo. Si Cooper y sus colegas tenÃan razón, las condiciones locales podrÃan ser el talón de Aquiles de la especie en un mundo que cambia rápidamente.
Esa tarde nos encuentra sentados en la terraza de la casa de verano que alquilaron por la temporada. Las nubes se acumulan a medida que Cooper cuenta la historia de su investigación sobre efectos de arrastre. La lluvia tamborilea sobre el techo de plástico corrugado, y tiene sentido, ya que mucho de lo que me ha contado tiene que ver con cómo las precipitaciones durante la clásica temporada seca de invierno pueden determinar las posibilidades de los chipes.
Las lluvias parecen ser un factor crÃtico para los chipes. Allá por 1981, los conservacionistas notaron una conexión entre los inviernos más húmedos en las Bahamas y las cantidades de chipes macho en Michigan. Más recientemente, otra cientÃfica del laboratorio de Marra, Sarah Rockwell, pudo mostrar en forma especÃfica que si no llueve en marzo, la tasa de mortalidad de los chipes omo consecuencia de la migración aumenta significativamente. En esas situaciones, las aves llegan más tarde a la zona de reproducción y comienzan a armar sus nidos más tarde, por lo que empluman menos polluelos.
"Existen tantas variantes individuales en estas cosas que es muy difÃcil encontrar una señal entre tanto ruido", explica Cooper. "Pero si tomamos (siempre) el mismo ejemplar, podrÃamos controlar muchas de esas variaciones".
La información que brindarÃan los chipes marcados llega justo a tiempo, porque la especie, a pesar de su sólida recuperación, podrÃa estar alcanzando un punto climatológico lÃmite. Los modelos climáticos sugieren que la región del Caribe, una de las áreas de invernada más importantes del mundo para las aves cantoras, se secará cada vez más a causa del calentamiento global. La conclusión del análisis de precipitaciones de Rockwell es alarmante, ya que muestra que con una reducción del 12 % en las precipitaciones de invierno en las islas Bahamas, la cantidad de chipes de Kirtland podrÃa comenzar a disminuir nuevamente.
Ha sido una temporada larga para Cooper, y se ve exhausto. El dÃa siguiente a su regreso de Bahamas, condujo hacia Michigan y comenzó a construir una red de casi una docena de torres receptoras de 40 metros de altura alrededor de las zonas de reproducción, que se terminaron justo a tiempo para la llegada del primer chipe marcado, el 14 de mayo. De las 63 aves que marcaron en Bahamas, los receptores de la zona detectaron 30 señales migratorias: en Florida y Georgia, al oeste de Pensilvania, en la costa del lago Erie de Ohio y al sur de Ontario. Al final el equipo de Cooper encontró 33 tres chipes de Kirtland en Michigan, incluidas algunas cuyas rutas no se detectaron. Cinco de las aves detectadas en migración no se reubicaron en Michigan, posiblemente porque no anidaron en el hábitat central.
Más tarde, cuando revisó la información, Cooper descubrió algo sorprendente: 25 chipes marcados, un número poco común, aparentemente desaparecieron en ruta entre los casi 500 kilómetros que separan la isla Cat y la costa de Estados Unidos, similar al trayecto de Florida y Georgia hasta Michigan. ¿Significa que estas aves no tenÃan el estado fÃsico necesario y flaquearon de inmediato? PodrÃa ser, pero Cooper es cauteloso y prefiere no sacar conclusiones. Sin embargo, los datos de rastreo confirman algo ya comprobado: la fecha de partida de las Bahamas determina la fecha de llegada a Michigan, y las aves que salen tarde no logran recuperar el tiempo perdido. Esto confirma la noción de que las condiciones de las zonas de invernada son sumamente importantes.
Uno de los enfoques consiste en promover una gestión del hábitat que beneficie a los chipes, y una colaboración entre 91°µÍø, Nature Conservancy, Bahamas National Trust y otros grupos que trabajan en conjunto bajo el ala del Equipo de Conservación del Chipe de Kirtland diseñaron hace poco un plan de investigación y protección del hábitat para las zonas de invernada de los chipes (ver "La hoja de ruta de la resiliencia", más abajo).
Otra posibilidad es que la especie en sà se expanda por fuera de sus cuarteles de invernada habituales, limitados a las Bahamas, asà como ahora algunos ejemplares se reproducen por fuera del hábitat que ocupaban tradicionalmente al norte de Michigan, en lugares como Wisconsin y el sur de Ontario. Al menos hay algunos que ya se dirigen a Cuba, y se han reportado avistajes en las Islas Turcas y Caicos. En febrero incluso se tomó una fotografÃa de un ejemplar cerca de Miami, el primer registro de invernada en Estados Unidos.
De todos modos, no hay forma de forzar esta cuestión. Como en el caso de la mayorÃa de las aves, los chipes ya tienen la migración codificada en sus genes, no es algo que puedan aprender. Pero siempre hay ejemplares que nacen con un "hipo" en su software, por asà decirlo, y eso hace que tomen direcciones inesperadas. Cuando las condiciones cambien, esos pioneros estarán en el lugar perfecto para sacar provecho de la nueva situación.
El plan, que se finalizarÃa en abril, servirá de "hoja de ruta" para proteger a las especies en sus zonas de invernada y puntos de descanso migratorios. Entre las prioridades se encuentran identificar pequeños hábitats para la conservación que puedan servir como refugios a medida que el agua vaya comenzando a escasear, y colaborar con las comunidades locales para gestionar la tierra de manera tal que beneficie tanto a los chipes como a la economÃa. Aún hay preguntas por responder y decisiones por tomar (y hay que conseguir más financiación) antes de comenzar el verdadero trabajo de campo. Pero el plan es dar un paso hacia la creación de una red segura en el lugar en el que las aves más podrÃan llegar a necesitarla. Molly Bennet
***
Esta historia se publicó originalmente en el ejemplar de primavera 2018 como "Spring Forward" ("De cara a la primavera"). Para recibir la revista impresa, .
Attention!
¡´¡³Ù±ð²Ô³¦¾±Ã³²Ô!
Attention!
La página que intenta visitar no está disponible en español. ¡Disculpa!